El color de mis domingos

Los domingos son diferentes, al menos para mí. Quizás fue la manera en que me acostumbraron en casa.

Mis domingos tienen color amarillo del sol del alba.

Mis domingos los asocio a levantarse tarde, a desayunar en casa o afuera, lo importante es que se desayuna relajado. Mis domingos están relacionados a lavar el carro y terminar inevitablemente empapado, a ver a mi mamá trabajar en su jardín, a bañar a mis perros, a arreglar algo en casa y darse cuenta que hay algo más que reparar que quedará pendiente para otro domingo dependiendo de la gravedad, o por el contrario no hacer nada y ver televisión por horas.

Las imágenes de mis domingos son escenas en donde paseas por Causeway de Amador, el Parque Omar, el Summit, el Casco Antiguo o la playa.

El sabor de mis domingos es de un raspa’o, de un almuerzo o cena especial porque hay tiempo para dedicarse a ello.

La ley de mis domingos, a excepción de uno u otro (en la vida siempre hay excepciones), es que hay que pasarlo en familia. El resto del mundo cesa de existir temporalmente. Como dije al inicio, quizás sea porque así me criaron. Pero lo divertido de esto, es que me gusta que sean así.

familia

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